Oraciones

                           

 

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CANTAR DE  MADRE  DOLOROSA

 

Madres amantes que

 supisteis de horas de

angustias y  ansiedades

 mirar alzarse ante

vosotras a la más triste

de las madres.

  Hijos que fuisteis raíz y 

espiga de hondos desvelos

 maternales: mirad erguirse  a

vuestros ojos a la más Madre

de las madres.

Aquí veréis a la Callada.

Aquí tenéis a la constante.

Aquí a la Tierna y la Valiente.

Aquí a la Heroica y siempre Amante.

Belén la vio sobre el pesebre.           

Egipto en hondas soledades.

Nazaret firme y amorosa.

Jerusalén serena y mártir.

Ella nos mira y nos comprende.

Ella se duele en nuestros males.

Ella conoce los quebrantos

de nuestros pasos vacilantes.

Hijos y padres que supisteis

de hondos desvelos maternales;

mirad alzarse ante vosotros

a la más Madre de las madres.

Sea nuestra voz canto y ternura;

amor y fe para cantarle.

Que nuestra vida y nuestros actos

y nuestro amor siempre le canten.

Belén la vio sobre el pesebre.

Egipto en hondas soledades.

Nazaret firme y amorosa.

Jerusalén serena y mártir.

Que nuestros pasos sean sus pasos.

Nuestro Cantar sean sus cantares.

Que sea la luz de nuestros ojos

la de sus ojos virginales.

 

Miguel Martínez del Cerro

 

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 CORONA DOLOROSA  ROSARIO DE LOS 7 DOLORES DE NTRA. SRA.

 
 
 

 PRIMER DOLOR:
La Profecía de Simeón
Dios es amor. El amor da vida. La vida es sagrada. La revelación divina trae significado a nuestras vidas. El “sí” de María completa la esencia de esta verdad: misterio y humanidad unidos para siempre.
La alegría y la paz de María son rudamente sacudidas por Simeón. Una profecía de rechazo, violencia y muerte; su propio corazón traspasado por una espada de dolor.
La capacidad humana para dar vida es desafiada, amenazada por su capacidad para el mal y sus caóticas consecuencias. ¿Podemos nosotros ser fieles a nuestro “sí” ó nuestro “no” traerá daño y dolor a otros y a otras más, a las maravillas de la creación de Dios?
SEGUNDO DOLOR:
Huida a Egipto
Poder, control y ambición engendran justificación para sostenerse a sí mismos. Tan sutil es la pérdida de autoridad, liderato y amor propio para estas intolerantes expresiones de violencia. María y José deben huir para salvar a su Niño, viviendo como refugiados en un país extraño, esperando el día en que desaparezca el peligro.
En modales más pequeños, específicos y personales nosotros, también, necesitamos examinar nuestras decisiones en la vida, especialmente en nuestras relaciones. Éstas van mucho mas allá de Dios, del “ yo y lo mío”, del matrimonio, de la familia y de los amigos. Ellas se derraman sobre el tesoro de las bendiciones dones de la naturaleza y del universo. Ellas necesitan nuestro cuidado.

TERCER DOLOR:
Perdida de Jesús en el Templo
Los temores de ser padres se extienden más allá de la protección de un niño contra toda clase de daños. El ser verdaderos padres requiere desafiar al niño para que sea responsable y cuidadoso frente a los naturales egoísmos y falsas expectaciones. María y José experimentan la ansiedad del perdido Jesús. Ellos no descansan hasta que encuentran a Jesús sano y salvo.
Nuestros cuidados para con nosotros mismos y para con todos los demás nos hacen responsables, hombres y mujeres maduros, gente de fe, esperanza y amor. En esto se encuentran las raíces del seguimiento, de la respuesta a la llamada de Jesús “a seguirlo”.¿Ponemos nosotros límites, hasta aquí y no más? Esa es la decisión. Nosotros necesitamos recordarnos que ésa es nuestra decisión, no la decisión de Dios.

CUARTO DOLOR:
María encuentra a Jesús en camino al calvario
La vida de María es demasiado real para evitar el dolor del corazón, la pena, la tristeza, la soledad y la inseguridad de la pobreza y la falta de poder de las mujeres en el mundo dominado por el hombre. Ella ha sido soltera, embarazada, adolescente, refugiada, viuda, y, ahora lleva el peso de ser la madre de un condenado, enemigo del estado y de la gente.
Nosotros vivimos en un tiempo y lugar donde es fácil eludir el dar cuentas. En general, los americanos abrazan la idea de ser víctimas. Es un acto refinado el encontrar “chivos expiatorios” responsables de todo mal político, económico, social, religioso, ecológico y ambiental. Lo que facilita todo es la justificación: Yo no soy la causa de eso y yo no puedo cambiarlo.
Cargado con la cruz Jesús encuentra a Su Madre y el corazón de ella se despedaza. Él también nos encuentra. Su mirada doliente nos dice: Yo no te pedí que cambiaras el mundo ó a otra persona, solamente pedí que te cambiaras a ti mismo.

QUINTO DOLOR:
Jesús muere en la Cruz
La profecía de Simeón se ve llenamente realizada al estar María debajo del cuerpo destrozado de su Hijo, mientras su vida se le va yendo con un dolor indescriptible. El amor absoluto, incondicional, personificado no cesa de ser el mismo. Es una generosidad más allá de todo lo que pueda comprenderse. Eso invita a María a hacer lo mismo: ¿Me dejarías a Mi y tomarías lo que yo he tomado, a toda la familia humana? “María, ahí tienes a tu hijo. Juan, ahí tienes a tu Madre.”
Este regalo de despedida nos conmueve en lo más hondo de nuestro ser. ¿Cómo podremos vivir nuestro agradecimiento y no expresarlo nada más? Nosotros conocemos la respuesta: ámense unos a otros como Yo los he amado. Profesen lo sagrado de la vida y sean siempre donadores de vida. Respeten la vida en cualquier forma y sosténgala tan responsablemente como todos nosotros podamos hacerlo.

SEXTO DOLOR:
María recibe el cuerpo muerto de Jesús
La profundidad del dolor, el vacío de la separación, el abandono de lo que significaba, todo lo experimento María en toda su plenitud al recibir en su regazo el cuerpo sangriento, destrozado de su Hijo. Los brazos que sostuvieron al Hijo con serena alegría, sienten ahora el peso muerto por la furia y la violencia. El imaginarnos su dolor nos abre el camino para comprender lo debido a nuestras propias experiencias de separación, vacío, muerte, parece que el regresar a la vida ésta fuera de nuestro alcance. Solamente el proceso de sanación nos ofrece esperanza.
Una parte de nuestra vida de fe nos pide que seamos sanadores de heridas, constructores de la paz. Esta capacidad es la que provee esperanza en un mundo de odios violentos y poderes desenfrenados. Esto también abarca los abusos de la naturaleza y de sus recursos que contribuyen a nuestro bienestar. Necesitamos ser cuidadores de estas riquezas, no abusadores y malgastadores de lo que ha sido provisto para todos.
SÉPTIMO DOLOR:
Jesús puesto en la tumba
No hay ninguna vida que pueda evadir los inevitables resultados del amor, del cuidado, de la generosidad, de la compasión y del perdón. La muerte es parte de la vida, soportable solamente por los recuerdos maravillosos que la maternidad produce mediante el amor.
El tesoro de María le es arrebatado, pero vive siempre y totalmente en su corazón, en su mente y en su alma. La tristeza se convierte en alegría, en la paz, y en la energía de la esperanza que mira hacia el día de la reunión.
Todos nosotros nos aferramos a esta esperanza. Es nuestra fe que nos inspira a seguir amando. Ésta solo tiene los límites que nosotros le pongamos. María comprendió a Jesús en la forma en que nosotros ansiamos hacerlo. ¿Qué está diciéndome Jesús el día de hoy?
Cada contestación será única, privada, personal. Si nosotros respondemos con sinceridad del corazón y la justicia a la que Jesús nos llama, cuando Él nos invita a construir el reino, esa llamada abarcará el universo y toda la vida que contiene. La historia del amor, de la creación de la vida, nos encontrará participando con nuestro respeto y con los esfuerzos responsables para sostener y para alimentar la vida diariamente y dondequiera.

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